sábado, 1 de agosto de 2015

El mundo indignado por la muerte del león Cecil

Tanto las organizaciones que defienden la vida y bienestar de los animales como la opinión pública mundial quedaron indignados por el asesinato del león Cecil, estrella del Parque Nacional de Hwange, un animal a quien los visitantes de todos los lugares del mundo solían fotografiar. Y es que Cecil, el famoso león africano mil veces fotografiado por los turistas, habitaba en total libertad en una reserva natural de Zimbabue.

El animal era además monitoreado constantemente pues portaba un collar de GPS. Sin embargo, un cazador llegado de Estados Unidos lo asesinó utilizando arco y flecha y después se quedó con su piel y cabeza por cincuenta mil euros. Al conocerse la noticia tanto los animalistas como la opinión pública se preguntaron ¿Tiene precio una vida? 

 Sin importar si era un cazador furtivo o alguien que estaba acompañado de un par de guías, lo cierto es que el león está muerto y ahora su cabeza y piel adornan alguna estancia de la casa de este hombre que no tuvo la conciencia suficiente para comprender que esta preciosa vida es irreemplazable.

Este tipo de acciones también ocurre en varios países de Europa y por esa razón desde las distintas organizaciones de protección a los animales le ha exigido a Bruselas que publique la lista de licencias otorgadas para ejercer un contralor sobre los eventos como el ocurrido con Cecil.


El caso es que Sudáfrica permite la caza de leones en su territorio, pero únicamente los que están en cautiverio que son unos 8000 y se encuentran en espacios especiales en tanto que los 3000 que viven en estado salvaje son intocables, siendo también posible conseguir permisos de caza de este tipo de felinos en Mozambique, Tanzania o Zambia, siendo protegidos por la ley en Botswana y en Kenya. 

En la actualidad existe en toda África una lucha contra los cazadores furtivos, que atraídos por grandes cantidades de dinero que son capaces de cobrar por una pieza son capaces de hacer lo que hicieron con Cecil al que sacaron de la reserva del parque ofreciéndole comida y una vez logrado esto el cazaron norteamericano le tiró una flecha y lo dejó agonizando por horas, cuando murió le quitó la piel y la cabeza.

En este caso fallaron los controles humanos pero también el sentido común, primó el ansia de obtener un trofeo y el león Cecil representa uno más en la lista de muertos por diversión. Queda sin embargo, mucho por hacer por el resto de leones que disfrutan la libertad de la sabana africana, inocentes criaturas que ignoran que alguien está preparando sus armas y su dinero para eliminarlos.